1. El llamado es la misión
Uno no se arroga ninguna misión. La misión viene de una voz llamante. A inicios del 2023 fuimos convocados para una asamblea en Oaxaca con el padre José Miguel, quien fuera visitor de nuestro país. El tema era la “Vocación”.
En una de las filas para ingreso al salón, Flavia, que hasta entonces era responsable de la revista, me hace una invitación a colaborar: “Deberías escribir para la revista”. Mi respuesta fue inmediata: “Claro que sí, con mucho gusto. Ahí vamos viendo”. Creo que ese mismo día, también en otro momento de ingreso al salón, aumentó la oferta: “deberías ser el responsable de la revista”. La secuencia fue demasiado rápida y mi reacción fue naturalmente distinta a la primera: “¡Ah, caray!, vamos con calma, vamos con calma”. No tomé en serio la propuesta, me parecía una broma, pero Flavia no se movió
de ella; cuando la repitió, habría querido no escucharla e hice mi mejor propuesta (el regateo vocacional): “mira, con mucho gusto te apoyo en casi lo que me pidas; con mucho gusto; pero no con ser responsable”.
(Un paréntesis…) En el inter, entre estos dos momentos, tuve una participación en la asamblea, compartiendo una experiencia que para mí se convirtió en una imagen de la vocación. La cuento brevemente: había fallecido hacía poco la esposa de mi vecino, Concho, y yo le acompañé en la velación, misa y sepultura. En la sala de velación, estaba en el frente el ataúd con doña Socorro, su esposa. Alrededor, pegada a la pared, toda la gente que acompañaba (familiares, que iban de CdMx y vecinos del ejido en que vivimos). Y en el gran centro de la sala, vacío, solo estaba de pie Concho quien, buscándome entre la gente, me hace un ademán de ir, allí al centro de la sala; me acerco y me pide quedarme con él para leer unas meditaciones del Rosario que estaba por iniciar. Estuve todo el Rosario allí junto a Concho, en el centro de la sala… y no llegó nunca el momento de leer las lecturas que me había dicho. “Vocación”, reflexionaba, es eso: ser llamado por Alguien para estar con Él, porque te tiene una preferencia, un afecto, y quiere que estés con Él. Al llamarte, te comparte de su vida y te pide algo: “ven, quédate aquí porque quiero que leas”. Pero lo que te pide es casi un pretexto para llamarte, para estar juntos.
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