La verdad no se impone
Recientemente, en una conversación con mi hijo, salió el tema del abuso sexual por parte de un sacerdote y el juicio que eso despierta sobre la Iglesia. A partir de ahí, él cuestionó también el porqué de la exclusión de las mujeres del orden sacerdotal, calificando de absurda y caduca esa postura. Me vi desbordada por la fuerza de su juicio. Lo que para mí es expresión de una Tradición viva, para él era una estructura opresiva.
En medio de esa conversación me descubrí vulnerable, sin respuestas claras, y sin embargo deseosa de comprender y dar razón de lo que creo. En mí también apareció esa impaciencia de la razón: querer justificar 4 rápidamente la enseñanza de la Iglesia con argumentos humanos, querer cerrar la herida del desconcierto con explicaciones rápidas. Pero me topé con mi límite. Y entonces, en ese “no saber”, comenzó otra cosa: pedir ayuda, dejarme acompañar, volver a mirar a Cristo presente hoy.
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