Spinoza en mi terraza, el relato de una paradoja.

En los días de Navidad, un grupo de amigos llegó a Campeche de vacaciones junto con sus familias. Por azares del destino, se organizó una reunión en mi terraza con todos ellos. La velada se tornó especial cuando, espontáneamente, cada uno comenzó a compartir cómo había conocido a este grupo de amigos. Llegado su turno, uno se presentó con naturalidad: “Yo me llamo Barush Espinoza”. No pude evitar sorprenderme.

Unos meses atrás, había terminado de leer el libro “Spinoza en el parque México” una autobiografía intelectual del historiador Enrique Krause, que reflexiona sobre su formación como pensador, sus influencias intelectuales y las amistades que lo formaron, y narra al mismo tiempo una parte de la historia contemporánea de México.

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