Nos enseñan a pedir

En el piso de Giuseppe (nombre ficticio) falta de todo: agua, electricidad… lo único que abunda es una pobreza total. Las hermanas de la Caridad de la Asunción le conocen desde hace tiempo. Tuvo problemas con las drogas y ahora cuando necesita algo las llama, esta vez es para curarse unas heridas después de una operación. Al terminar la cura, la hermana Grazia le dice: «Vas mucho mejor, te veo hasta más guapo». El hombre, totalmente descuidado, esboza media sonrisa y con la mano se alisa un mechón de pelo. Es una fracción de segundo, pero «en ese gesto de cuidado de sí mismo reconocí la ternura que el Señor tiene conmigo. ¿Cómo se había sentido mirado ese hombre? Pensé en todas las veces que yo me he sentido mirada así». Ese es el corazón de la Dilexi te cuando León XIV afirma que atender a los pobres está «en el horizonte de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos».
Todos los días, las hermanas de la Caridad de la Asunción miran de frente esta pobreza de la que habla la exhortación apostólica. «En el encuentro con el necesitado, en la medida en que nos abramos al Misterio, Cristo se revela. Porque la persona que pide ayuda despierta mi verdadera necesidad», afirma la superiora general, sor Mariangela. «Esto se me hizo evidente hace unos años, en una conversación con don Giussani, cofundador de

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