Ser sacerdote en México se ha convertido en los últimos años en un oficio peligroso. Amenazas, extorsiones, agresiones, homicidios. La violencia contra la Iglesia católica ya no es una suma de episodios asilados sino un fenómeno estructural. No lo dice un observador distante sino un hombre que vive esta situación desde dentro, el padre Omar Sotelo Aguilar, sacerdote y periodista, director del Centro Católico Multimedial (CCM), que lleva casi dos décadas empeñado en mostrar y denunciar los abusos cometidos contra el clero mexicano. Razón por la que está en el punto de mira de los narcos. Su informe más reciente, que cubre el periodo de 1994 a 2024, documenta el homicidio de 80 sacerdotes, religiosos y laicos.
«Este es uno de los países más peligrosos para ejercer el ministerio sacerdotal porque, hablando claro, el crimen organizado se apoya en dos pilares: recursos materiales casi ilimitados y sobre todo recursos humanos totalmente ilimitados». Se refiere a los miles de niños, jóvenes e inmigrantes que llegan a México procedentes de toda América Latina a la espera de poder entrar en Estados Unidos pero se quedan en cambio atrapados por guerras entre bandas y tráfico de drogas o de personas. A menudo las dos cosas coinciden y cuando te ficha un cártel de la droga –afirma– es casi imposible salir indemne. De esta conciencia, y del deseo de dar su vida entera a Cristo, brotó su decisión de hacerse cura y portavoz de sus hermanos, «sobre todo de esos que ya no pueden
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