Lloró Ucrania

Entrar en este viejo palacio madrileño del siglo XIX, el majestuoso Real Casino de Madrid, deambular por sus elegantes salones tras haber subido por una escalinata de mármol, es siempre un lujo. Es como entrar en uno de esos clubes ingleses de las películas. Sabe uno que está reservado a unos pocos mortales.
En este caso, sin embargo, el paso fue franco hasta completar el aforo, previo cumplimiento de una etiqueta que no pasa de moda, y que enaltece al público, al acto y a la institución. Al comienzo y al final de la presentación se podían ver rostros alegres, admiradores de la belleza del lugar, pero en el ínterin de esas largas tres horas, incluido el vino español, la atmósfera se fue cargando de una fuerza callada, de un silencio contenido hecho a base de coraje, valor, miedo, esperanza y dolor. De un pueblo, el ucraniano.
Ver a tantas personas reunidas, con ojos azules como piedras preciosas que contenían sus lágrimas y a veces hacían acto de presencia, fue emocionante, de una humanidad desbordante. La vida y la muerte. La defensa de lo sagrado, de la patria y la familia. Omito los nombres por un mínimo sentido de la prudencia. Unas lágrimas tanto

Palabras clave

Cómo citar

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
Pinterest