Aulas de convivencia

Monseñor Pero Sudar ha vivido la guerra en carne propia. Nació el 3 de julio de 1951 en Bare, diócesis de Vrhbosna (Sarajevo), fue ordenado sacerdote en 1977 y consagrado como obispo auxiliar de Sarajevo en 1994, mientras la ciudad era asediada por el ejército serbo-bosnio. La Opsada (el asedio) duró tres años y diez meses y se cobró 11.000 víctimas civiles, de las que más de mil eran niños. La guerra no acabaría hasta el 21 de noviembre de 1995, con la firma de la paz de Dayton. En toda Bosnia-Herzegovina se contaron más de cien mil muertos, un millón de desplazados internos y otro millón de refugiados en el exterior, todo eso en un país que en 1991 tenía 4.350.000 habitantes.
«Hay cosas que no puedo olvidar. No había agua, no había comida, no había electricidad. Había francotiradores por todas partes. Pero lo peor de todo eran las mentiras de los líderes que predicaban la división. Nos decían que no se podía convivir siendo diferentes mientras las granadas destrozaban casas, calles y puentes. En las pizarras

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