Llamada a un lugar bello

Arturo (A): Te agradecemos, Elizabeth. Por favor, cuéntanos qué camino hiciste para llegar a la Fraternidad de San José (FSJ)

Elizabeth (E): La agradecida soy yo. Trataré de ser breve, aunque deseo compartirles tantas cosas que Cristo me ha regalado −cómo he sido y estoy siendo hecha, y todo lo que mi corazón guarda− que es difícil ser breve.

¿Cómo aconteció que el Amor en mi vida, es decir, Cristo −Dios encarnado− me pidiera “ser suya” ingresando a la FSJ?  Debo confesar que no recuerdo bien si fue hace 27 o 28 años, sin embargo, puedo reconocer que ha sido una bella historia de amor que surgió por dos circunstancias que, ahora entiendo, me fueron dadas por el Misterio para conducirme hacia Él. La primera fue mi grito de dolor cuando mi hijo nació para el cielo: “¡Dios mío, si existes… ayúdame!” Y esto me asombra, porque yo no fui educada en la fe, sólo fui bautizada y confirmada desde muy pequeña por mis abuelos −personas de mucha fe− a escondidas de mi padre; entonces me pregunto: ¿Cómo pude gritarLe a Aquel que podía responder a mi dolor, sin conocerLe?

La segunda circunstancia fue otro grito de mi corazón: deseaba ser amada, ser abrazada, porque desde pequeña siempre me faltó el afecto de mis padres, lo que derivó en tantas equivocaciones y experiencias buscando lo que

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