La “paz” de los violentos es una trampa

La paz no es la ausencia de guerra, es la tranquilidad en el orden, afirma Agustín de Hipona en el siglo IV. La verdadera paz, la paz duradera, la paz que trasciende el momento cosmético y que es sustantiva, no se construye a través de la guerra sino haciendo opción por la verdad, por el bien y por la belleza desarmadas. “Si quieres la paz, prepara la guerra” decían los romanos, que terminaron viendo caer a su Imperio. “Si quieres la paz, def iende la vida”, afirmó proféticamente Paulo VI.

Sí, la verdad desarmada, la verdad que no se impone por la fuerza, la verdad que conquista por atracción y no por coacción, es la única que puede fundar y sostener la paz duradera. La razón es contundente tanto a nivel especulativo como histórico:  sólo la afirmación valiente de fines buenos con medios buenos, puede detener la espiral de violencia y destrucción. Cuando la paz se impone traicionando a la paz, es decir, por medios contrarios a su propia naturaleza, más pronto que tarde acumula encono, odio obsesivo, cultura de muerte.

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