La centralidad de Cristo vivo

«Su mirada y su cordialidad son los rasgos que más me llamaron la atención las dos veces que vi a don Giussani. Enseguida me sentí querido, hubo una empatía inmediata y profunda», afirma monseñor Ennio Apeciti, responsable de la archidiócesis de Milán para las causas de los santos y delegado arzobispal en la causa de beatificación del fundador de CL. Nos encontramos en su despacho pocos días después de que monseñor Mario Delpini, durante la misa de sufragio en el Duomo de Milán, anunciara la clausura de la fase diocesana. En una fracción de segundo pienso en la cantidad de veces que he oído decir: «¡Aquella mirada! Nadie me ha mirado jamás así». Casi dos horas de diálogo en las que recorremos el trabajo de catorce años.

¿Cómo fueron esos dos encuentros?
En los años 90, don Giussani vino a declarar para la causa del rector de la Universidad Católica, Giuseppe Lazzati, y en el año 2000 para la de Pablo VI. Me impactó especialmente su primer testimonio. Conocí a Lazzati durante un encuentro con los que entonces éramos seminaristas en Venegono y fue bastante crítico con don Giussani. Sin embargo, Giussani mostró una estima y un aprecio hacia el rector de la Católica que me sorprendió. Su mirada era totalmente positiva, aunque era consciente de sus diferencias. Y pensé: qué gran hombre.

Luego pudo conocerlo mejor con la apertura de su causa en 2012.
La esperaba ya desde 2005, cuando murió, aunque obviamente hay que respetar los plazos canónicos para la apertura oficial. Desde el principio nos dimos cuenta de la dimensión que tenía su figura, por todo lo que generó

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