El próximo mes de junio, la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona vivirá uno de los momentos más esperados de su historia con la culminación de la torre de Jesucristo, la más alta del edificio, de 170 metros. Es la coronación de una obra iniciada en 1882 y se espera la visita del papa León XIV para la ocasión. El proyecto del arquitecto catalán Antoni Gaudí –proclamado Venerable por el papa Francisco– siempre buscó un profundo diálogo entre naturaleza, fe y simbolismo cósmico. Dentro de ese cauce se inserta el trabajo del astrofísico Marco Bersanelli, invitado a colaborar en la representación del universo en la torre central, la última que quedaba. Ha surgido así un diálogo sorprendente entre cosmología contemporánea y arquitectura sacra.
La Sagrada Familia lleva más de un siglo en construcción, ¿qué representa?
Nace de la genialidad de Gaudí y representa tradición y modernidad al mismo tiempo. Es una mezcla única y preciosa. Por un lado la memoria del pasado, concebida con toda su profundidad; y por otra, un lenguaje arquitectónico, simbólico y artístico más proprio de una visión moderna. Esa fusión siempre me ha fascinado.
¿Y qué tiene que ver un astrofísico en la construcción de una catedral?
La tradición pide que una catedral sea signo del sentido total. Por eso tiene una dimensión cósmica por naturaleza. Desde el principio, la arquitectura siempre ha deseado expresar una relación con la totalidad que es el universo. La simbología cósmica es por tanto un profundo elemento de la tradición. Muchas iglesias medievales representan la creación de manera explícita. La cúpula o bóveda que cubre muchos edificios sagrados representa
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