El amor que deseamos existe

Alessandro D’Avenia, un famoso educador católico italiano, maestro de Preparatoria, hace esta interesante observación: “Se habla mucho de los jóvenes, de sus problemas, pero nadie habla con los jóvenes”. La experiencia que hicimos en Semana Santa, durante la convivencia de la Compañía Juvenil, me mostró una vez más la belleza de estar con los jóvenes, permanecer en medio de ellos, en la vida cotidiana y sencilla. Preparando los alimentos, lavando los trastes, orando, jugando, hablando juntos de nuestra vocación al amor o simplemente viendo una película, lo que se comparte deja una huella profunda y un agradecimiento grande, tanto en los jóvenes como en los adultos.

Los jóvenes de hoy, como los de ayer, tienen una necesidad fundamental: ver que la vida es bella. Y no puede ser una verdad afirmada ideológicamente, negando la realidad de las pruebas y dificultades con las que todos tenemos que lidiar continuamente.  Debe ser una verdad que emerge en la experiencia vivida, con toda su dramaticidad. La gracia de los días de convivencia es precisamente esta: que a pesar de la dificultad que implica (convivir las veinticuatro horas durante cinco días con otras cincuenta personas, trabajando, obedeciendo, siguiendo instrucciones y sin celulares… no es precisamente un desafío sencillo para un joven, ¡y tampoco para un adulto!) todos los cincuenta integrantes se llenan de alegría. ¡Esta es la experiencia que todo joven necesita, y que todos los adultos necesitamos volver a hacer a lo largo de toda la vida! De la vivencia nace con fuerza –en todos– el juicio: ¡la vida es maravillosa! La comunidad cristiana nace y crece alrededor de esta experiencia de plenitud y este juicio compartido.


Encuentro de la Compañía Juvenil, en el salón de la hacienda

Una segunda verdad que buscamos, es que el amor y la amistad son posibles. Fue bellísimo en estos días en Rancho Abajo poder compartir con los demás adultos una relación de amistad verdadera. También, tuvimos la oportunidad de escuchar el testimonio de Erick y Gloria, dos amigos del movimiento que nos contaron su vida, en particular, qué significa vivir la vocación al matrimonio. Estas experiencias pusieron de nuevo en evidencia otra verdad de la que los jóvenes están sedientos: que el amor que deseamos existe, y la unidad que anhelamos no es una utopía. Desde luego, se trata de hacer un camino, porque somos personas imperfectas que juntas luchan, codo a codo, para aprender a amar y a vivir unidas; sin embargo, en esta lucha, se nos dona la prenda del Amor perfecto, de la comunión verdadera, en la que podemos por lo tanto creer y esperar.

El penúltimo día una joven amiga de Oaxaca expresó algo que yo también siempre llego a ver en estas ocasiones… decía: “En estos días de convivencia crezco mucho más que en los días ordinarios de mi vida”. Es inevitable pensar en la promesa del ciento por uno (cfr. Mt 19, 29), y en las palabras de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

Encuentro de la Compañía Juvenil, en el salón de la hacienda

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