Dolor y esperanza

A pocos pasos de la basílica de la Natividad en Belén, al final de un callejón lleno de tiendas de artesanía de madera, hay un pequeño santuario. Al cruzar la puerta y bajar unos escalones, te envuelve el silencio de una gruta de piedra blanca. Los árabes la llaman Mugharat as-Sitti Mariyam, la gruta de Nuestra Señora Santa María, pero los peregrinos la conocen como la Gruta de la Leche. Según una tradición que se remonta al siglo VI, en esta gruta la Virgen se refugió durante su huida de los soldados de Herodes que tenían la orden de matar a todos los niños menores de dos años. Después de la bendición del ángel que se le apareció en sueños a san José, saldrían de esta gruta rumbo a Egipto.

Tan silencioso como decidido para obedecer con prontitud a Dios, según una tradición más

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