Tonantzin, nuestra Madre

En la compleja cosmovisión mesoamericana, la cultura mexica o azteca se distinguió por una religiosidad profundamente ritualista y militarista, en la cual el universo era concebido como un espacio en constante lucha por el equilibrio. Esta visión del mundo se reflejaba directamente en su mitología, poblada por una multitud de deidades que representaban fuerzas naturales, aspectos de la vida y principios cósmicos. Aunque existía un principio dual originario (concebido como padre y madre de todos los dioses), la figura masculina predominaba en las jerarquías religiosas y míticas. En efecto, si bien la maternidad y la fertilidad eran reverenciadas en diosas como Coatlicue o Cihuacóatl, su poder simbólico quedaba subordinado al de las divinidades masculinas, quienes encarnaban la guerra, el sacrificio y la autoridad política: Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Tezcatlipoca o Tláloc, entre otros.

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