Contexto
El sistema internacional atraviesa un periodo de creciente incertidumbre marcado por conflictos armados, rivalidades entre potencias y una fragmentación del orden multilateral. En este contexto, México también enfrenta desafíos como la violencia del crimen organizado, la corrupción, el bajo crecimiento económico, la debilidad del sistema de justicia y las persistentes desigualdades sociales.
En el continente americano, estas tensiones se manifiestan en conflictos diplomáticos, crisis migratorias, expansión del crimen organizado con sus estelas de violencia y una creciente polarización dentro de los países e incluso entre ellos mismos.
En un contexto complejo y a menudo hostil en el que prevalece la lógica de la dominación, la guerra y el poder autorreferencial, ¿es posible generar lazos de cooperación, diálogo y fraternidad entre las naciones americanas, para construir una convivencia más estable y solidaria? Surge también la pregunta: ¿existe una identidad común que ayude a construir vínculos de unidad en nuestro continente en la actualidad?
En nuestro tiempo parecen resonar, como en los inicios del siglo XVI, aquellas palabras dramáticas que Fray Juan de Zumárraga dirigió en su carta a Carlos V: “… si Dios no provee remedio de su mano, está la tierra en punto de perderse”… Y Dios proveyó.
Introducción
Del 24 al 26 de febrero de 2026 se llevó a cabo en el Estado de México, el Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano titulado “Nuestra Señora de Guadalupe, el Acontecimiento y sus enseñanzas para los procesos de evangelización”.
El Congreso fue convocado por la Pontificia Comisión para América Latina, siendo el Dr. Rodrigo Guerra su Secretario; la Pontificia Academia Mariana Internacional cuyo rector es el P. Stefano Checchin; la Conferencia del Episcopado Mexicano presidida por Monseñor Ramón Castro y los Caballeros de Colón, dirigida por el Caballero Supremo Patrick E. Kelly. Dicho congreso forma parte de los preparativos para la celebración del V Centenario de las Apariciones de María de Guadalupe a Juan Diego (2031) y del
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Durante los tres días de trabajo se realizaron conferencias, paneles y diálogos abiertos centrados en temas como el papel de María en la Iglesia actual, la inculturación del Evangelio en América, el significado teológico del Acontecimiento Guadalupano y su dimensión eclesiológica y universal. Pero sobre todo fue significativo el encuentro con múltiples rostros, atraídos por el rostro de la Virgen morena, que reflejan la diversidad de la Iglesia latinoamericana.





