Cartas junio 2025

Nacimos para vivir

La salud de mi mamá en los últimos meses ha estado muy frágil. No está grave, no está hospitalizada, pero todo el tiempo tiene algún tema que hay que atender y que, por su edad y condición, puede ser grave: la glucosa, el riñón, el corazón, los intestinos, infecciones, su piel, los dientes… Sus hijos y sus nietos hemos estado muy preocupados, en especial en determinados momentos en los que ha tenido alguna afección.

El Papa Francisco era apenas unos meses mayor que mi mamá. Por eso, su muerte, acaecida cuando ya había salido del hospital y aparentemente estaba en recuperación (y también la de un primo, con quien pasó recientemente de manera semejante), me ha avivado la conciencia de la fragilidad de la vida y el gran misterio que es la muerte, pero, sobre todo, la conciencia de que la muerte es un cumplimiento; no nacimos para vivir para siempre en este mundo, nacimos para la vida después de la muerte.

Con esta conciencia viví la Semana Santa y el comienzo de la Pascua.

Vero Lara, Campeche

No se le borró la sonrisa

Quiero compartir con ustedes un testimonio que para mí ha sido muy enriquecedor. Conocí al papá de una amiga de mi escuela de comunidad, un hombre especial al que no se le borra la sonrisa.

Me contó que debido a una rara enfermedad fue perdiendo progresivamente la vista. Hace algún tiempo le practicaron una cirugía en Cuba que le permitió tener cinco años más de vista. Pero sabía que no era una cura definitiva, porque no existe, sino solo un tiempo más de gracia. Él decidió aprovecharlo para aprender a moverse con bastón y aprender a leer y a escribir en Braille. Me dijo que está agradecido de haber tenido tiempo de aprender a pintar. Su oficio era jardinero y amaba las plantas y las flores, motivos de su pintura. Es autodidacta, descubrí que no tenía que comprar todos los colores, me dijo, porque algunos se obtienen de la mezcla de otros, por ejemplo, el naranja de la mezcla del rojo con amarillo, el verde de amarillo con azul y el violeta de azul con rojo. En la escuela, le dije, eso se llama teoría del color, colores primarios y secundarios. Me platicó también que hacía sus propios pinceles con las cerdas de la cola del cerdo y un palito.

En las paredes de la sala se podían apreciar cuadros realizados con diversas técnicas: acuarela, acrílico y óleo. Otros, dijo, están en la casa donde vivo. Estábamos en casa de su hermana. Lo disfruté mucho, hasta que ya no pude seguir pintando.

Otro de sus hobbies era leer. Leí muchos libros, me dijo, y también escribir poesía. Me recitó una que se llama “Aniversario o Santo” que es de su autoría. Me recordó las que se estudian en la secundaria, que tienen estructura y rima. Pero ha dejado de escribir. Y no hay tanto material en Braille para seguir leyendo, dijo.

Su comentario que más me impacto fue cuando declaro: “no hay que enojarse con Dios por estas cosas, porque estas cosas simplemente suceden”. Para mí, lo más sorprendente de todo es que no se le borró la sonrisa, ni cuando me contaba su historia ni por haber vivido y estar viviendo circunstancias tan adversas.

Silvia Devars, Xalapa

El signo de una presencia

Me preguntaba quién es el Papa, y desvelo la respuesta en Luigi Giussani, que me responde que no es solo un líder moral o institucional, sino una persona a través de la cual Cristo sigue hablando al mundo. Es así como yo veo la presencia de un Papa entre nosotros.
Comentando en familia esa frase, “Habemus Papam”, surgía el sentimiento de un pueblo que pide a gritos siempre a Cristo, una fe, una esperanza. No pide una institución, pide corazón, pide amor, pide sostenerse con su compañía, pide una verdad en su camino: Jesús.
Este es el sentido de Dios que recorre toda esta experiencia, que no es una teoría que observo desde fuera, sino el hilo vital que une y da sentido a todo lo que estoy viviendo. Lo evidencié cuando me preguntaron en la sustentación de mi tesis para obtener el título de licenciado en Ciencias de la Comunicación: «¿Y qué buscan las personas?». En aquel momento no lo expresé con claridad, pero ahora comprendo más profundamente que lo que buscan es una compañía. Eso es el mismo Espíritu Santo. Y esa certeza, que hoy reconozco con más fuerza, también estuvo presente, de manera implícita, en el trasfondo de mi tesis.
En medio de este mundo acelerado y muchas veces indiferente, surge en mí una inquietud profunda: ¿cuál es el sentido de Dios hoy? Buscando una respuesta, vuelvo la mirada a Pedro, el primero que dejó que su vida quedara marcada por Jesús, no por una ideología ni por un deber, sino por una urgencia: la de amar, cuidar la vida en su totalidad, en cuerpo y espíritu, en la carne herida de la humanidad y también en el rostro hermoso de la naturaleza. Amar la vida de los otros, reconocer su valor, su dignidad, su misterio.
Es este gran Pedro, un pescador de barcas rústicas y redes de lanzar, tejidas con cuerdas gruesas y plomos en los bordes: imágenes de una vida cotidiana que se convirtió, en él, en el inicio de un camino que continúa hasta hoy. Es sentir que algo vivo sigue latiendo, que Cristo no nos dejó solos, que hay una presencia que nos alcanza incluso ahora, y es el significado de un Papa que no representa solo una tradición. Es el signo actual de una comunión que sigue viva, que atraviesa pueblos, culturas, diferencias, y que tiene su origen no en nosotros, sino en un hecho: en Jesús, que sigue presente.
La elección de León XIV, a la luz de Giussani, no se ve solo como la de un líder espiritual o un representante simbólico. Es el signo de una presencia que sostiene la unidad del pueblo cristiano, un punto visible que remite a Cristo mismo. Como nos enseña Giussani, Cristo es contemporáneo, y su contemporaneidad pasa por una historia, un pueblo y una autoridad visibles.
En un mundo moderno marcado por la dispersión, la confusión o el escepticismo, la figura del Papa es la afirmación de que Dios no ha abandonado al hombre, y que su presencia sigue desafiando, atrayendo y acompañando hoy. Por tanto, para mí, la elección del papa León XIV no es simplemente ver una noticia o un cambio institucional. Es quien da el abrazo y la verdad de que Jesús es nuestra vida.
Jorge, Lima (Perú)

Happening 2025. “Un cuarto de siglo, ¿y ahora qué?”

El lema de este año no puede ser más relevante en el contexto en el que vivimos, porque cuando parecen entrar en crisis los órdenes mundiales que se habían establecido (tanto el europeo tras la Segunda Guerra Mundial como el nacional tras la Transición), la sociedad se polariza cada día más y sigue buscando –tal y como se expone en el lema– un chivo expiatorio sobre el que purgar las culpas.
En cambio, no son pocos los rostros humanos que dan testimonio de cómo mirar la dificultad, la disputa, la diferencia con el otro, de frente, y así vivir la realidad sin censurarla, sino con una conciencia de que la propia realidad, sea cual sea su condición o circunstancia, es punto sobre el que afirmar la trascendencia de la vida que permite darle un sentido totalizante y, sobre todo, un sentido humano.
Y yo, que soy sanitario en potencia, no podía dejar de ver esto expresado en su enésima potencia en el acto que tuvimos sobre medicina, porque miraba a los ojos, y sin reparo, la mayor de las dificultades de la vida humana: el sufrimiento y la muerte.
A pesar de la gran preparación que llevaba, no deja de sorprender la visión abierta que aporta la caritativa, o lo que supone escuchar a una catedrática de la Facultad que, sin conocer de nada el movimiento, vive de la misma forma que nosotros.
Precisamente por la relevancia de estos temas en la sociedad de hoy, es un gesto indispensable el hecho de llevarlo a la universidad de una forma abierta, desde el planteamiento hasta la ejecución, pensando siempre en aquel compañero de clase que, aun sin creer, sin saber nada del movimiento, sin conocer a los ponentes, puede disfrutar del acto tanto como el que lo prepara tras un camino por Peguerinos, Picos y el CLU.
Por ello, me alegraba ver cómo, poco a poco, el Happening está mucho más presente en la universidad. Ver cómo muchos compañeros de clase aparecían me conmovió, y sigo creyendo que aún tenemos un camino precioso por recorrer poniendo la vista en esta senda que lleve al Happening a ser un evento relevante para que todos puedan reconocer la trascendencia de la vida, que nosotros llamamos Cristo.
Miguel, Madrid

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