La casa de los Memores Domini en Gudo Gambaredo, donde Luigi Giussani vivió hasta 2003 y donde yo también viví de 1995 a 2005, era un lugar verdaderamente único. Una “extraña compañía” de 14 mujeres y 8 hombres, no solo con las edades y personalidades más diversas, sino también con límites y grandezas de lo más dispares, y con el capocasa (responsable de la casa, ndt.) más inadaptado, temperamental y distraído que podía haber (¡yo!).
La presencia del Gius ofrecía a esta compañía de “desarrapados” una tensión por la verdad que cambió mi vida definitivamente. Con él todo resultaba significativo.
Recibía allí a muchísima gente, tanto personalidades con cargos relevantes a nivel civil y religioso como sencillamente amigos, tanto gente del movimiento como de fuera, tanto italianos como extranjeros.
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