Banquete
Queridos amigos:
Los plátanos de Barcelona están vestidos de un verde luminoso. Alzo la mirada y el sol atraviesa las hojas, dejando sobre mí una lluvia de pequeñas luces que descansan en mi cabello y en mis ojos.
Mientras observo a los hermanos y hermanas que caminan por el claustro, siento que ya no me rodean las piedras, las columnas, la hierba, las flores ni el cielo tranquilo de junio. Lo que me rodea sois vosotros.
Hay una fuerza extraña y hermosa que habita entre vosotros.
Durante un instante os vi como árboles.
Como aquellos árboles inmensos que parecen sostener el cielo con sus ramas. Como las columnas de la Sagrada Familia, que se elevan hacia lo alto transformándose en bosque. Y pensé que quizás todo templo verdadero nace





