El sociólogo y los voluntarios que pagan por trabajar

«Como sociólogo, puedo explicar el Meeting de muchas maneras, pero se me rompen los esquemas en cuanto me topo con la cara de los voluntarios». Al acabar la jornada del Meeting que culminó con la visita de León XIV, quedé con varios amigos para cenar y me encontré en la mesa a mi lado al sociólogo Salvatore Abbruzzese. Esas palabras despertaron en mí, voluntario desde mi época universitaria, la necesidad de aclarar dos riesgos que percibo al acecho siempre que pienso en el Meeting: pensar que lo que sucede esa semana es algo normal, así como la sutil tentación de despachar la cuestión poniéndole la etiqueta de milagro. La conversación con Abbruzzese prosiguió unos días después.

¿A qué se refiere cuando dice que al ver a los voluntarios “se le rompen los esquemas”?
Parto de una premisa. Para afrontar los fenómenos que estudio, parto de un enfoque de tipo individualista racional, es decir, se presupone que el sujeto de la acción siempre tiene razones para hacerlo. Incluso cuando estas sean incomprensibles o estén viciadas por prejuicios, siempre presumo que el sujeto es consciente, que nunca actúa por instinto, especialmente si se trata de acciones complejas, articuladas, que implican una programación y un compromiso. En el caso de los voluntarios del Meeting, tengo que decir que una de las primeras razones que justificarían tal decisión es

Para seguir leyendo inicia sesión

El contenido completo sólo está disponible para nuestros suscriptores.

Palabras clave

Cómo citar

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
Pinterest