Un abrazo entre escombros

Manal Abdahall nació hace 27 años en Caná de Galilea, un pueblo cercano a Nazaret que pasó a la historia por las bodas en las que Jesús realizó su primer signo, un milagro discreto, casi entre bastidores y ante pocos testigos. En esa región es donde hoy vive la mayor parte de los cristianos, que en toda Tierra Santa representan el 1,8% de la población. Manal pertenece a ese exiguo porcentaje que, en los últimos años, mengua cada vez más. Árabe cristiana, su historia también es como una pequeña Caná, llena de detalles que han sostenido su fe. Tercera de seis hermanos, fue al colegio franciscano y conoció el movimiento de CL en Italia, donde estudió la carrera de Medicina.

Para la especialidad en Pediatría, volvió a casa. Justo a tiempo de ver cómo su país se sumía en un torbellino de violencia y odio desatado por la matanza de Hamás el 7 de octubre de 2023. No le resultó nada fácil continuar su camino en ese contexto. «Esperaba obtener una beca de estudio en el hospital de Haifa, donde llevaba trabajando un año, pero al vencer mi contrato me comunicaron que no me iban a contratar. Se me cayó el mundo encima. Busqué en otros sitios, pero siempre me cerraban la puerta en la cara. Este conflicto daña también los aspectos más cotidianos de la vida. Incluso me planteé marcharme a Italia».
Pero su último día de trabajo sucedió algo que para ella fue como un resplandor en la oscuridad. Sus jefes le

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