Chesterton, el célebre escritor inglés, en su obra dedicada a Santo Tomás, afirmó que su intento no iba más allá de elaborar una especie de plano, en el que se pueden señalar con bastante objetividad los momentos capitales de la vida de su biografiado; pero el plano, como el de una ciudad medieval, se conforma con una serie de trazos laberínticos. La complejidad aparece cuando se quiere llenar de contenido ese plano.[1]
Tomás de Aquino es un fraile dominico, teólogo, filósofo y profesor universitario. Nacido en una familia de noble linaje, destinado por ella misma a la vida monástica para aumentar el prestigio y la alcurnia familiar, descubre su vocación de fraile dominico y dentro de ella el llamado al estudio de la teología o la sacra doctrina; ello lo lleva, como universitario, al encuentro con un gran maestro, Alberto Magno, y a convertirse él mismo en maestro en la Universidad y en los centros de formación de su Orden. Tomás es un fraile (frater, hermano) dentro de una comunidad, una compañía vocacional que él estima como camino verdadero de seguimiento cristiano. Su actividad y su compleja obra responde a diversas peticiones circunstanciales, más que a un proyecto personal de elaborar un sistema original y propio: ni la originalidad ni el lucimiento personal están entre sus motivaciones. Su obra nace intentando responder a su compromiso como profesor universitario, a las solicitudes de sus hermanos religiosos de elaborar síntesis para hacer más accesible el estudio de la teología, a las encomiendas de sus superiores para participar en la creación y atención a sus centros de formación o, en varios momentos, a la petición del Papa para colaborar en los trabajos de asambleas conciliares y otras solicitudes.
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