Menos tu vientre, todo es pasado baldío, turbio

“Miguel-Hernandez”: Retrato de Miguel Hernández realizado por Antonio Buero Vallejo en la cárcel. 1940.


En la cuna del hambre

Miguel Hernández amaba la vida y tenía un corazón grande. Tuvo que abandonar los estudios en su adolescencia y continuar siendo pastor. Como el arte no está en las altas cunas sino en los corazones deseantes, Miguel era poeta; por las tardes subía a las montañas de Orihuela y se la pasaba leyendo y escribiendo; de esos primeros años fue que recibió su único premio de poesía, a sus escasos 20 años. Su vida solo duró 12 más, pues murió a los 32, en la cárcel, preso también de una tuberculosis. Esos 12 años fueron lo más tristes y fecundos posible –INFIERNO–. Le movía una palpitante exigencia de justicia, la poesía, y el amor a Josefina, su esposa, y sus dos hijos –lo que no es infierno–.[1]

El poema se llama Menos tu vientre, y fue escrito mientras se encuentra encarcelado (era la época del franquismo y había sido condenado a la pena capital); su mujer, Josefina, ha perdido un primer hijo, pero se encuentra de nuevo encinta. Todo derredor suyo es desolación. En esa época, Josefina le había escrito un carta en que le cuenta que no tienen para comer sino cebollas –INFIERNO–. Miguel escribe, entonces, el famoso Nanas de cebolla, bellísimo en su drama –lo que no es infierno–:

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre:

escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla:

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

(…)

.

El hijo murió –INFIERNO–.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,

al fuego arrebatadas de tus ojos solares:

precipitado octubre contra nuestras ventanas,

diste paso al otoño y anocheció los mares.

*  *  *

Con cuánta vehemencia debió haber repetido esos días aquellos versos que escribiera tras la muerte de su gran amigo, también poeta de Orihuela, Ramón Sijé, y cuánta mayor verdad alcanzaban:

Umbrío por la pena… / la pena tizna cuando estalla / donde yo no me hallo no se halla / hombre más apenado que ninguno. // Sobre la pena duermo solo y uno, / pena es mi paz y pena mi batalla… // Cardos y penas llevo por corona… // No podrá con la pena mi persona / rodeada de penas y cardos: / ¡cuánto penar para morirse uno!

“Umbrío”. “Pena”. “Tizna”. “Estalla”. “Cardos”. –INFIERNO–. La pena en el dominio de la vida. Y no era solo la muerte del amigo, el hambre de su mujer, el hijo muerto, su injusta cárcel. Era más: las injusticias –INFIERNO– parecen dominar por todos lados.

*  *  *

Dejadme la esperanza

Con todo, el corazón espera. “Dejadme la esperanza”, dirá. “Pintada, no vacía: / pintada está mi casa. / Regresará del llanto / a donde fue llevada / con su desierta mesa / con su ruinosa cama (…) Dejadme la esperanza”. Que es como decir que se encontrará, así lo espera, ese espacio, en medio del infierno, que no es infierno.

Y aquí llega el poema central que quiero compartir como vestigio: Menos tu vientre, que es la esperanza en el renuevo. Siempre me ha sorprendido sobre manera esa por demás expresiva profecía de Isaías: “un renuevo del tronco [viejo] de Jesé, brotará para tu pueblo, Israel” (Is. 11, 1). Donde ya no se percibe nada, un renuevo. Pero el renuevo, lo es todo; el tronco viejo vale toda novedad por ese renuevo; todo respeto, toda esperanza.

MENOS tu vientre

todo es confuso.

Menos tu vientre

todo es futuro

fugaz, pasado

baldío, turbio.

Menos tu vientre

todo es oculto,

menos tu vientre

todo inseguro,

todo postrero

polvo sin mundo.

Menos tu vientre

todo es oscuro,

menos tu vientre

claro y profundo.

Todo INFIERNO, menos algo: tu vientre. Frente a todo, “tu vientre” era ese “menos” de todo el fastidio y el mal: esperanza y promesa.

*  *  *

Tu vientre, Virgen

Hace unos años me pasaba horas en mi sótano tallando madera. Una de las piezas que hice fue una Virgen María, sin advocación ni nombre especial, ni copiada de ningún lado. Tenía una característica particular: estaba encinta. Recuerdo vívidamente los días que trabajé en ella. Cada detalle. Lo recuerdo: la figura, las ondas de sus vestidos, la perspectiva como de elevación, sus manos (“todo lo guardaba en su corazón”)… Fue, sin embargo, el detalle más simple de la hechura, el más fácil, el que más tiempo me tuvo absorto: su vientre. Me detuve en ese espacio como de infinito, lo tocaba con especial veneración porque recuerda esas palabras que tanto impactaron a don Giuss en Belem: “Verbum caro hic factum est”.

“Virgen-encinta”: Talla en encino, realizada en 2014 por el autor de este artículo. Es la pieza a que se refiere en el texto.

Esta experiencia de interioridad no se puede ver con los ojos, soy testigo solo yo. De lo que sí pueden dar fe mi esposa e hijos es del repetirse una y otra vez por largas horas el poema Menos tu vientre hecho canción en la voz de Serrat. Una y otra vez: “todo es futuro fugaz, menos tu vientre”, “todo es pasado baldío y turbio, menos tu vientre”; “todo es oculto, oscuro, postrero, inseguro, menos tu vientre, que es claro y profundo”. Mientras le escuchaba, tocaba el vientre de la Virgen.

Miguel Hernández lo decía del vientre de Josefina, su esposa: una gran cosa. Una enorme cosa, más aún si uno piensa en su situación. No dejarse vencer por el infierno: ¡qué gran valor, qué gran sinceridad!, para no dejarse vencer por el fracaso ni por el cinismo. Pero reconocía un hecho potente: el vientre (y eso que era comunista). Yo reconocía todo eso como algo grande, pero veía en su poema un cumplimiento completo solo en el vientre de la Virgen y lo recito o lo canto siempre como un rezo. 

*  *  *

Verbum caro hic factum est.

Yo soy la Madre del verdadero Dios por quien se vive

En la entrevista que los amigos de Tierra Florida han hecho a José Luis López-Linares, éste afirma algo que me parece central (estamos de cara a entender un poco más ese proceso de mestizaje y aparición de una cultura nueva, irreductible a los pueblos prehispánicos ni a Hispania), dice: “lo que portaba España era algo que no era suyo, la fe, la fe católica, eso es lo que cambia todo”. Es verdad, pero hay que distinguir.

Me permito solo una idea, que después debe desarrollarse pero ya en su aparición aparece fundada: con todo el éxito que podría interpretarse, con todo y ser portadores de una fe superior a su raza… los españoles no tenían resuelta la conquista ni la evangelización ni lo que de común pudiera haber entre ambas. La cuestión del debate sobre el derecho de conquista (Francisco de Vittoria), las fuertes y continuas denuncias de Fray Bartolomé De Las Casas contra abusos de españoles, la destitución de la primera por la Segunda Audiencia (entre cuyos Oídores se encontraba el futuro Obispo de Michoacán, Tata Vasco), la situación de huída y desintegración de pueblos indígenas, la depresión masiva en que entraron, entre otras cosas, son prueba inequívoca de ello. También allá estaba el infierno; también entre ellos.

¿Y entre los pueblos indígenas? “Todo futuro fugaz [o sea, un futuro que no podrá poseerse, que está en fuga], pasado baldío, turbio”.

Todos necesitaban –como todos necesitamos, siempre– de una novedad que eran incapaces de darse a sí mismos; un brote nuevo. Todos necesitaban de nuevo de la llegada de la promesa de la profecía de Isaías. Entonces llegó Tonantzin Guadalupe. ¿Quiénes requirieron de conversión ante su llegada? Los españoles y los indígenas. No llegó para ayudar a los españoles, sino para los españoles y para los indígenas. Entonces comenzó el nacimiento de un pueblo. Y ese “menos tu vientre” se convirtió en realidad en la posibilidad de una Presencia constante: “sábelo, ten por cierto hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre virgen santa María, madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada”.


[1] “Infierno” y “lo que no es infierno”: aludo a expresiones del manifiesto de Navidad de este año, que se encuentra en este número.

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