La unidad entre los hombres

Intervención. Me gustaría contar un hecho y hacer una pregunta a raíz del manifiesto “La esperanza de la paz”. Cuando leímos en nuestra comunidad la invitación del Papa al rezo diario del rosario en octubre, decidimos intentar acogerla. Nos organizamos de tal modo que cada día se encargara uno y así todas las noches se garantizaba la posibilidad de unirse al rosario. La primera noche mi hijo de seis años estuvo rezando conmigo. La noche siguiente me pidió permiso para volverlo a hacer pero yo quería que se fueran todos a la cama y le dije que no. Al poco rato de acostarse le oigo llorar y cuando voy a verle me dice que le da miedo pensar que la guerra pueda llegar aquí. Así que le dije que, si quería, podía quedarse a rezar con nosotros, pues además ya era la hora del rosario. Al conectarnos, reconoció a varios amigos, entre ellos su abuelo, y enseguida se calmó. Después, al acabar de rezar, se fue a la cama muy tranquilo, ni siquiera tuvimos que acompañarle a pesar de estar a oscuras.


Qué grande que uno se vaya a la cama pensando que está ahí solo con su drama, la oscuridad y sus miedos, y pueda descubrir que –sin que nadie se lo pida– hay amigos que ni siquiera conoce que ya están rezando por aquello que él espera. Me ha impresionado ver que este gesto valía para mi hijo, pero también para mí, porque yo no sabía qué decirle y, en vez de ofrecerle mis palabras

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