La conquista de México no fue simplemente la sumisión de un pueblo a otro, ni la destrucción de una civilización por una potencia extranjera. Fue, en el sentido más profundo, el nacimiento de una nueva forma de humanidad, marcada por un encuentro muy dramático, pero también profundamente transformador. En ese cruce de cosmovisiones, lenguas, razas, símbolos y creencias, se gestó una síntesis cultural y espiritual inédita en la historia universal, que no puede explicarse únicamente como resultado de la dominación política o militar ni como el éxito de un proyecto económico, cultural o evangelizador.
Más allá del mestizaje
Esta transformación histórica, dolorosa y espiritualmente desgarradora, dio como resultado lo que comúnmente llamamos “mestizaje”. Sin embargo, el término, aunque útil, resulta insuficiente para abarcar la magnitud del fenómeno. Lo que ahí
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