Guadalupe, raíz de un pueblo y misión de concordia

Noviembre de 2024, en el tercer fin de semana, en Coatzacoalcos, Veracruz, se realizó la XV edición de Encuentro Coatza, con un programa diverso orientado a presentar en el espacio público de esta ciudad del sureste mexicano, algunas preguntas pertinentes para esta sociedad y, seguramente, para la entera sociedad mexicana sumida en una crisis de inseguridad, de violencia y descomposición del tejido social, que inundan de temor e incertidumbre la convivencia social.

En la convocatoria de Encuentro Coatza, difundida un par de meses antes, se plantean algunas preguntas: ¿Desde dónde podemos comenzar a vislumbrar la posibilidad de establecer relaciones de verdadero interés por escucharnos, conocernos mejor y vivir en una confianza mutua que respete la diferencia?, ¿cómo construir acuerdos, desde diferentes miradas y posiciones políticas e ideológicas, a favor del bien común?, ¿cómo reconstruir el tejido social reconociéndonos parte de una historia? ¿cómo llegar a conquistar la paz y la conciliación?

Para afrontar estos interrogantes, Encuentro Coatza, se planteó una hipótesis positiva: proponer la concordia, como camino al bien común. La palabra “concordia” (cum-cordis) nos lleva a mirar el corazón, que es el centro mismo de nuestra humanidad. Al “corazón” humano, que es igual en todos porque está hecho de las mismas exigencias y es el punto de partida para construir una convivencia verdadera, justa y buena entre personas y pueblos.

Recientemente, el Papa Francisco nos ha regalado unas orientaciones sobre el Sagrado Corazón de Jesús, en su Encíclica Dilexit nos (Nos amó)1. Los primeros párrafos de esta meditación nos recuerdan la importancia del corazón para recuperar el sentido de nuestra humanidad. Sucede, por el contrario, que desvirtuamos el corazón y lo perdemos de vista: “Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón. Cuando no se aprecia lo específico del corazón perdemos las respuestas que la sola inteligencia no puede dar, perdemos el encuentro con los demás, perdemos la poesía. Y nos perdemos la historia y nuestras historias, porque la verdadera aventura personal es la que se construye desde el corazón…” 2

Esta es la concordia propuesta en Encuentro Coatza, que hace eco de las palabras del Papa: “Hay que afirmar que tenemos corazón, que nuestro corazón coexiste con los otros corazones que le ayudan a ser un “tú”.3 Y, ¡oh sorpresa!, en uno del Encuentros, dedicado al tema de la justicia y de la mediación, para solucionar conflictos en la convivencia, escuchamos, con asombro, explicar a Sebastiana y María, un par deindigenas tsotsiles, que según su cultura y su lengua, cuando alguien comete una falta, un delito, dicen que “no tiene el corazón en su lugar”. Hacer justicia, se entiende, es colocar el corazón en su lugar.

El programa de Encuentro Coatza abrió un espacio de reflexión sobre el acontecimiento guadalupano, un tema perfectamente coincidente con la propuesta de esta quinceava edición: el conversatorio en el que participaron el P. Pedro Alarcón, SM y Genner Peniche, sobre “Guadalupe, raíz de un pueblo y misión de concordia”, con la moderación de Jorge Navarro.

El padre Alarcón es un padre marista, autor de una extensa obra dedicada a la Virgen de Guadalupe1, en la que ofrece un estudio hermenéutico teológico, centrado en el Ayate de Guadalupe y en el Nican mopohua; en este estudio se pone particular atención a la “novedad” del método guadalupano para una evangelización “perfectamente inculturada” y en la relevancia del Nican Mopohua. En efecto, la expresión náhuatl “Nican mopohua”, significa “Aquí se narra”. Ahí se narran los momentos de encuentro de María de Guadalupe y el indio Juan Diego, enviado a comunicar al Obispo Juan de Zumarraga, la petición de la Virgen.

Genner Peniche, es un activo participante en los “Diálogos por la paz” emprendidos por la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Compañía de Jesús y la Conferencia de Religiosos de México -CIRM-, a raíz del asesinato de dos padres jesuitas y un guía turístico ocurrido en 2022, en Cerocahui, en la Sierra tarahumara. La iniciativa de Diálogo nacional por la paz, ha desembocado en una serie de propuestas concretas de construcción de paz, a diversos actores sociales y políticos, incluidos los candidatos a la presidencia de la República y otros candidatos a las cámaras legislativas y demás cargos de representación popular. Genner colaboró con los jesuitas en la creación del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), y es consultor en temas de Derechos humanos y construcción de paz.

El conversatorio, como una elipse, se construyó a partir de dos focos: uno, la meditación sobre el acontecimiento guadalupano, como llamada a una memoria, a rescatar del olvido las fuentes de nuestra identidad como pueblo que camina en la historia; y, dos, la llamada a un compromiso activo en la construcción de la paz.

El p. Pedro nos invita a mirar el acontecimiento guadalupano: “Quisiera proponerles que veamos en la Virgen de Guadalupe un gran signo, una gran fuerza, fuente de esperanza, fuente de concordia, en un mundo tan herido.” Esa gran fuerza, pasa a través de nuestra iniciativa y apertura al diálogo porque “todo diálogo por la paz es un esfuerzo que genera alivio en el sufrimiento de nuestros barrios, pueblos, de nuestras comunidades, de nuestro país”. Un pueblo que ordinariamente se reconoce en la mirada de María de Guadalupe, puede tener dispuesto el corazón para “construir puentes en lugar de muros. Ella nos acompaña para que no permanezcamos encerrados en nosotros mismos; para recuperar la sintonía con nuestros deseos verdaderos, nos propone la riqueza de un lenguaje que construye comunión y diálogo”. Asistamos insistentemente al Nican Mopohua, para descubrir nuestra raíz, como pueblo en camino.

Por su parte Genner Peniche nos ha presentado, sintéticamente, el itinerario de los Diálogos por la paz. A través de una variedad y riqueza de encuentros, en espacios de escucha y de reconocimiento entre diferentes actores sociales y comunidades, se ha iniciado una respuesta social de construcción de la paz, mirando a los más débiles, vulnerables y excluidos. Con estos encuentros se ha podido crear una agenda, para proponer a los líderes políticos, pero, sobre todo, que compromete a las comunidades y a la sociedad misma; a veces con pasos modestos, pero de compromiso real para convertir a un pueblo en sujeto de su propia historia.

María de Guadalupe, que acompaña a este pueblo en sus necesidades y en sus sufrimientos… y, Dios quiera, en sus esperanzas, continuamente nos invita a una tarea: «deseo se me construya una “casita sagrada”», tal como lo dijo a Juan Diego. Los “Diálogos por la paz” son ya de suyo un aporte, por modesto que pueda parecer, a la construcción de la “casita” que edificamos con nuestra vida: acogiendo al pobre, al migrante, al abandonado, al marginado, por este o aquel motivo, cuidando al herido por la violencia y la guerra.

Encuentro Coatza 2024 concluyó. Dejó sembrada una semilla de amistad y fraternidad, vivida esos días y un deseo grande de concordia, para alentar nuestra sociedad en su camino al bien común.

En aquel Himno a la Virgen de Dante, que don Giussani nos recordaba hace algunos años, que algunos acudimos a leer, se encuentra esta estrofa que ilumina hoy nuestra andadura:

“Señora eres tan grande y tanto vales,

que quien quiere gracia y a ti no corre,

pretende que sin alas su deseo se eleve”1

1 Francisco, Carta Encíclica Dilexit nos. Sobre el amor divino y humano del corazón de Jesucristo. 24-Oct-2024.

2 Dilexit nos. N. 11.

3 Ibid, n. 12


4 Alarcón Méndez, P. Pedro SM. (2013) El amor de Jesús vivo en la Virgen de Guadalupe. Edición del autor.

5 Dante. Divina comedia. Paraíso XXXIII.

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