Sao Paulo es una ciudad desmesurada: más de veinte millones de habitantes, una maraña de calles, rascacielos y barrios populares que se pierden por la periferia. Es una metrópolis frenética y desordenada, marcada por profundas desigualdades sociales y con favelas por todas partes. Aquí aterrizó en 2011 Silvia Caironi, economista milanesa, Memor Domini criada en la experiencia de Comunión y Liberación tras quedar fascinada por don Giussani cuando estudiaba en la universidad. Su gran sonrisa y sus rizos claros y rebeldes esconden a una mujer que sabe mucho de lo suyo. Tras graduarse en la Católica de Milán hizo un máster en dirección de proyectos en la George Washington University y una estancia en el Banco Mundial. Trabajó en el sector de la consultoría estratégica en grandes empresas europeas y ocupó cargos de gobierno en Perú, donde también contribuyó al despegue de la Universidad Católica Sedes Sapientiae junto con Andrea Aziani y donde fue consejera de Cáritas nacional. Hace quince años le propusieron un traslado a Brasil con un proyecto de microcréditos de una fundación italiana para acompañar a pequeños empresarios de favelas en la periferia de Sao Paulo, hombres y mujeres en muchos casos sin posibilidad de estudiar ni de acceder a un préstamo. Pero la realidad no tardó en imponer un cambio.
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