Queridos amigos, este Evangelio que acabamos de escuchar es, a buen seguro, uno de los pasajes más hermosos de toda la Sagrada Escritura. El ángel dice a María: «¡Alégrate! Alégrate, porque Dios entra en la historia, se hace uno de nosotros». En el «sí» de María se realiza la Encarnación, Dios se hace hombre.
Mas para comprender la profundidad de este acontecimiento, de este texto, debemos escuchar antes el mensaje de la primera lectura, tomada del Libro de Samuel. Estamos mil años antes de Cristo. Aquí comienza la historia. David, tras alcanzar la cima de su poder, después de hechos dramáticos, logra finalmente reunir a las doce tribus de Israel bajo su reinado. Es el rey incontestado de todo Israel, ha sido capaz de ganar todas las guerras con los diferentes reyes que rodeaban Israel y, al final, contra toda expectativa, también ha conseguido la ciudad considerada inexpugnable, Jerusalén, y de este modo ha creado una capital realmente digna de un rey.
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En este momento, David piensa en Dios. Ahora él vive en un palacio –como él mismo dice– mientras que Dios





