Entré en el monasterio de clarisas de Arizkun (Navarra) en 1997, después de bastantes años participando en la vida del movimiento de Comunión y Liberación. Con los años, el número de hermanas fue disminuyendo y por el deseo de vivir nuestra vocación con la plenitud a la que hemos sido llamadas, después de un tiempo de acompañado discernimiento, vimos que el Señor nos llamaba a cerrar nuestro monasterio y trasladarnos a otros. Ahora estoy viviendo en el de Castil de Lences (Burgos) y este año se cumplen 25 años de mi consagración al Señor.
De forma imprevista y aprovechando la visita de unos queridos amigos del movimiento al monasterio en octubre, preparamos una sencilla pero preciosa celebración para dar gracias a Dios por el don de mi vocación y por su fidelidad, que hace posible mi vida aquí y ahora. Ese día leí esta carta a mis hermanas y amigos:




