Don Giussani es el maestro de los vestigios. Nomás leer sus textos, uno lo sabe. Hay genios que nos descubren genios humanos, es decir, que nos los hacen más evidentes aún que su genialidad inicial; de ese tipo de genio era don Giuss: nos mostraba los genios que había encontrado, y al hacerlo nos ayudaba a ver lo grande de la naturaleza humana en la que, en realidad, siempre encontramos vestigios. Dado que este número de la revista está dedicado a su figura, quisiera también recordarlo en este espacio.
Toda expresión humana es vestigio de algo más grande, algo que no alcanza a expresar plenamente ningún gesto pero que todo gesto anuncia. Como dice un fragmento de uno de los textos más queridos para don Giuss, de Leopardi (Canto nocturno de un pastor errante de Asia):
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