Ya no hay rosarios en Belén. Las puertas azules de madera en las tiendas de souvenirs religiosos están cerradas. La cafetería Segafredo, donde puedes degustar “el mejor café de Belén” en una terraza donde puede verse el papamóvil con el que Francisco visitó la ciudad en 2018, apenas ha recibido hoy a una decena de clientes. En la casa de huéspedes de Pro Terra Sancta soy la primera y única persona alojada desde hace semanas. La plaza de la basílica de la Natividad, que normalmente alberga largas filas de peregrinos esperando su turno para visitar y rezar en el lugar donde nació Jesús, está desierta.
«Llevamos casi dos años –desde el 7 de octubre– sin peregrinos», explica Roni Tabash, propietario de una de las once tiendas de souvenirs religiosos en la plaza del Pesebre. «Primero el Covid y ahora la guerra. La mayor parte de las compañías aseguradoras no cubren las comitivas de peregrinos, así que tenemos que sobrevivir
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