Cuando se mencionan los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, es común pensar en su papel en la unificación de España y en el descubrimiento de América. Sin embargo, su influencia trascendió estos eventos. Durante su reinado, se produjo una transformación profunda que no solo afectó el destino político de España, sino también el rumbo espiritual de la Iglesia universal. Este proceso de renovación religiosa, impulsado por los monarcas, aunque no exento de tensiones, se desarrolló siempre en comunión con el Papa y con una visión clara del papel de la Iglesia como guía del pueblo de Dios. Las reformas iniciadas en este periodo no sólo consolidaron la unidad religiosa del reino, sino que también sentaron las bases de la evangelización y la estructura eclesial en América. Lejos de ser un mero proyecto político, este movimiento representó una auténtica reforma eclesial basada en el Evangelio, con efectos duraderos tanto en Europa como en el Nuevo Mundo.
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