Pero, ¿de dónde puede nacer el amor y la verdad para educar en contextos duramente marcados por el dolor y por la vulnerabilidad?, esta pregunta fue mirada desde la experiencia de dos de los ponentes invitados a la mesa redonda: “Educar en el amor a la verdad desde las perifecias existenciales”.
Mario Alberto Páez, psicólogo terapeuta de profesión y fundador del Centro Manresa Ambulatorio –que ofrece apoyo a jóvenes con problemas de adicción a drogas–, y Juan Emilio Prada, fundador de Edudown, en Chile –cooperativa dedicada a la salud y educación de niños y jóvenes con síndrome de Down– propusieron su experiencia de vida marcada, de modos distintos, por el dolor, experiencia que les ha llevado a generar obras que documentan qué significa educar, acompañar con verdad dentro del dolor sufrido, no como circunstancia que achica o encoge, sino como ocasión para que la persona florezca. La conversación fue moderada por Oliverio González, responsable de CL en México y de Encuentro Coatza.
Para abrir, Oli invitó a los ponentes a situarse en el origen de su trabajo desde su propia vida, antes que desde la obra ya construida, y a compartir hechos, experiencias, rostros que documentan la verdad y la belleza de lo que han ido descubriendo en el encuentro con otros, desde circunstancias de profundo dolor.
Para iniciar, Mario propuso una analogía sobre lo que es el amor en cuanto experiencia humana: el amor es como el mar. Un mar inmenso, delicado y paciente que, cuando el dolor irrumpe desde el fondo, se agita y se vuelve caos. Aunque la calma regrese, explicó, los estragos permanecen. Desde esa imagen narró su propia historia: él



