«Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “¿Señor, ¿quién es?” (…) Pensad únicamente qué quiere decir una escena así: Dios, el Creador, el Fundamento, el Misterio que hace todas las cosas, es un hombre sobre cuyo pecho apoya su cabeza otro hombre más joven que los demás (…) Así de íntima y familiar era su relación, tan fuera de lo común, tan predilecta. El hombre se halla ante Dios como ante una realidad humana, ya no es “el Dios escondido”, sino una presencia sobre la que se puede apoyar la cabeza, es “una persona”. Esta es la situación religiosa del hombre desde entonces, exactamente esta. (…) No es un gesto excepcional, es la “norma”, es el momento paradigmático de lo que sucede desde entonces».
Así inicia la última de las lecciones recogidas en este libro, recopilación de nueve meditaciones dedicadas a la
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