Me encuentro con la gran escritora americana Marilynne Robinson en una sacristía. No es algo intencionado. Tampoco es una sacristía cualquiera de una iglesia parroquial católica o de una congregación presbiteriana, sino la de la basílica de San Pedro en Roma. En una calurosísima penumbra monumental, nos sentamos en la Sala Capitular justo después de que ella participara, junto a un grupo de escritores, en un encuentro con el papa León XIV con motivo del centenario de Libreria Editrice Vaticana, el pasado mes de junio. La belleza imponente del lugar, artístico y religioso a la vez, da un trasfondo majestuoso a nuestra conversación, y también le imprime cierto ritmo. Marilynne Robinson lleva suelta su melena cana, gafas doradas y un largo vestido negro. Le acompaña su nuera, Katherine, que está muy unida a ella, también viste de negro y está entusiasmada por haber conocido al Papa. La ganadora del Pulitzer también está aún bajo el efecto emocional de un encuentro único. La profesión literaria, el llamamiento del Papa, la inteligencia artificial… Después escribirá sobre este encuentro: «Hemos llegado a un momento de la historia de nuestra civilización en el que percibimos una profunda ausencia del alma. (…) El papa León nos ha hablado a los escritores en el contexto de una intervención incesante en nuestras vidas de la inteligencia artificial, que es la verdadera apoteosis del ser sin alma». El resto del clima lo determina el arte de Roma y esa sensación de estar inmersa en una gran historia. Estamos a dos pasos del monumento fúnebre de Urbano VIII, con las tres abejas del emblema esculpido por Bernini justo después de que lo sepultaran allí para su descanso eterno. Urbano VIII es el Papa que consagró esta basílica hace justo 400 años.
Empiezo por el tema más dramático de este periodo histórico: la guerra y Dios. Usted es una gran lectora y estudiosa de la Biblia. Ha dedicado un libro entero a Job y ahora está centrada en el evangelio de Juan. Últimamente se está citando mucho el libro sagrado por parte de los poderosos de la tierra para justificar ciertas acciones militares y conquistas. ¿Cómo defenderse de este uso instrumental de las religiones?
Me parece que es un tema recurrente en la propia Biblia, donde sale bastante la cuestión de los falsos profetas y mesías, la manipulación de los ídolos y del mismo Dios. En todo caso, lo que debería hacernos reflexionar es que nuestra generación sea tan débil a la hora de oponerse a los falsos profetas. La pregunta que debemos hacernos como creyentes es si hemos defendido la religión verdadera, como la Biblia nos invita a hacer constantemente. No se ha defendido bien y creo que es algo muy triste. El uso de la religión ha prosperado por el vacío que hemos dejado… Para mí es muy importante leer la Biblia hoy porque significa ser fiel, en la medida de mis capacidades, a lo que he encontrado en la vida. Para mí es un objeto sagrado, continuamente misterioso y continuamente revelador. Resulta inagotable para todo hombre y mujer. No hay nada comparable a la Biblia. Y la verdad es que los fundamentalistas actúan en muchas religiones, en el islam, en el judaísmo y también en el cristianismo.
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