¿Qué significaba nacer en la Nueva España?
La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella se abre una historia mucho más amplia que la del nacimiento mismo.
Nacer siendo novohispano significaba entrar en una familia, recibir un nombre, ser bautizado y ocupar un lugar dentro de una sociedad profundamente jerarquizada. Pero también podría significar formar parte de una historia de encuentros entre indígenas, españoles y africanos.
La pintura novohispana ofrece una manera particular de acercarnos a esa experiencia. No sólo por ser una fotografía de la vida cotidiana, sino porque además permite descubrir cómo aquella sociedad imaginaba, representaba y ordenaba el mundo que estaba construyendo.
La historiadora Pilar Gonzalbo afirma que no existió una única “familia novohispana”. Junto al modelo promovido por la Iglesia y la Corona coexistieron distintas formas de convivencia, matrimonio, parentesco y filiación. Las normas intentaban ordenar la vida familiar, pero las familias concretas las vivían, negociaban y, en ocasiones, las desbordaban.
De esa tensión surgió una sociedad nueva, que no fue simplemente una reproducción del modelo europeo, sino que tuvo sus particularidades.
Por eso, mirar la natalidad a través de la pintura permite formular una pregunta más amplia:
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