Ese límite que nos abre a Dios

Los primeros comentarios sobre la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV se centraron comprensible y mayoritariamente en lo que afirma al respecto de la inteligencia artificial y las muchas maneras en que la IA ha empezado a catalizar cambios radicales en todos los aspectos de nuestra vida social y personal. Pero, en cierto modo, la IA solo es el tema de este documento indirectamente. Como dice su propio subtítulo, Magnifica Humanitas trata de la «custodia de la persona humana en el tiempo de la IA». No se puede entender la exhortación del Papa para afrontar los desafíos de la tecnología sin comprender lo que nos enseña sobre el significado y las exigencias de la dignidad humana.
A largo plazo, tanto por el desarrollo de la doctrina social católica como por el bien de la humanidad, el horizonte inmutable de la dignidad humana es mucho más importante que las características de un panorama tecnológico que avanza a gran velocidad. Hay como una tentación de considerar la cuestión de la dignidad humana como un dato de hecho, como si ya supiéramos en qué consiste y no quedase más que aplicarla correctamente a las nuevas circunstancias que tenemos que afrontar hoy.

Para seguir leyendo inicia sesión

El contenido completo sólo está disponible para nuestros suscriptores.

Palabras clave

Cómo citar

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
Pinterest