El Papa con los migrantes: «Hemos nacido para el encuentro»

«Hay también quien elige no hacerse prójimo y quien decide no decidir. Los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas». Era el reclamo que expresaba León XIV en Lampedusa el pasado 4 de julio. Retomando la parábola del buen samaritano, el Papa dibujó un duro retrato que reproduce en nuestros días esas prisas por «pasar de largo» en el relato evangélico: «el desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de proveniencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio, el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas».
Con realismo, el pontífice destacó que «antes de cualquier otra consideración intelectual o convicción ideológica, el impacto con quien yace delante de nosotros, despojado de todo, llama a la proximidad». Por eso daba las gracias a la gente de Lampedusa, como ya hiciera en su visita a Canarias.

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