Litterae communionis

Abril 2026. Año VIII, Número IV.

Revista Internacional de Comunión y Liberación en México

CONTENIDO

EDITORIAL

Un bien posible

El pasado 9 de enero, el papa León XIV pronunció uno de los principales discursos de su pontificado. Dirigiéndose a los miembros del cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, abordó varias cuestiones cruciales de la actualidad: la crisis internacional, el predominio de la ley del más fuerte, la transformación del lenguaje en «un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes», el “cortocircuito” de los derechos humanos que hace que derechos fundamentales (como la libertad de expresión o de conciencia, la libertad religiosa y hasta el derecho a la vida) estén «siendo restringidos en nombre de otros pretendidos nuevos derechos», o las dificultades de la familia, cuyo «papel social fundamental» resulta cada vez más ignorado por las instituciones. Pero el Papa alumbra las oscuras tintas con que se dibujan estos escenarios con una idea de la historia que toma de san Agustín, un faro para leer la actualidad y que invita a los cristianos a ser protagonistas del mundo en el que viven, vislumbrando un rayo de esperanza. «La paz sigue siendo un bien difícil, pero posible».

Tres meses después, el conflicto desencadenado en Irán por la intervención de Estados Unidos e Israel hace que esas palabras resuenen hoy con una fuerza aún más candente. «La guerra vuelve a estar de moda –afirmaba el pontífice–. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable», sino «mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio». Se refería entonces al sufrimiento de las poblaciones que viven en Ucrania, Tierra Santa, Venezuela, Haití, Sudán, Myanmar… Hoy el elenco incluiría también el Golfo Pérsico y Líbano. En pocos días, los bombardeos han registrado la tragedia de «ya 1.100 “daños colaterales”», titulaba hace unos días L’Osservatore Romano a propósito de los niños muertos o heridos por misiles o drones.

En esta guerra hemos visto por primera vez y con claridad el uso militar de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial pilotando drones hacia sus objetivos después de haberlos estudiado, seleccionado y localizado cuidadosamente, para decidir después dónde dejar caer el explosivo. Paralelamente, la multiplicación de los focos bélicos está generando una especie de adicción colectiva a la intervención militar, con el resultado de asumir la ley del más fuerte como hecho inevitable. Eso es lo que el Papa denuncia. Parece que la paz «solo es posible mediante el uso de la fuerza y la disuasión». El Papa advertía recientemente que «algunos pretenden incluso invocar el nombre de Dios en sus decisiones sobre la muerte, pero Dios no puede ser reclutado por las tinieblas». Porque la paz «nuestros supremos bienes consisten en la paz», dice León XIV citando a san Agustín. Esa es la novedad revolucionaria de la Pascua, el anuncio de Jesús victorioso sobre la muerte como «compañía para la vida».

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