Revistas

Número 3. Mayo-junio 2021

Promesas
del mundo

«¿Y yo cómo reacciono ante situaciones que no van bien?», preguntó durante un momento de su visita a Iraq el Papa Francisco. «Ante la adversidad hay siempre dos tentaciones». La huida o la rabia, dijo. Pero eso no cambia nada. «Jesús, en cambio, cambió la historia. ¿Cómo? Con la humilde fuerza del amor, con su testimonio paciente. Esto es lo que estamos llamados a hacer; es así como Dios cumple sus promesas». De una promesa que nunca decepciona —y que se hace realidad a través de caminos insospechados y discretos, a través de nuestra debilidad— ha hablado Francisco frente a aquellos testigos por los que hizo su viaje, «testigos que las crónicas a menudo pasan por alto, y que sin embargo son preciosos a los ojos de Dios». Él los ha mirado, admirado, los ha puesto de nuevo frente ante los ojos del mundo.Por eso hemos querido dar espacio a su visita a la tierra de Abrahán, a las palabras y gestos de esos pocos pero intensos días entre Bagdad, Erbil, Mosul y Qaraqosh. Allí donde la violencia lo ha arrasado todo, el Papa ha señalado una realidad presente: vidas en las que el mal y la muerte no son la última palabra porque Cristo ha resucitado. La victoria de la familiaridad con Dios cimenta la vida de los hombres, se concreta en el perdón, en rostros e historias precisas: es el pueblo cristiano, una presencia humana que parece derrotada por la historia. Sin embargo ellos, perseguidos, han sido despojados de todo sin que hayan perdido nada, porque tienen el tesoro que vale más que la vida: estar insertados en una relación, en la pertenencia a Cristo.