Litterae communionis
Julio 2026. Año VIII, Número VII.
Revista Internacional de Comunión y Liberación en México
CONTENIDO

Cartas
Primer Plano
En Nuestra Tierra
EDITORIAL
«Ahora os toca a vosotros»
Aún seguimos impactados por lo que hemos visto y oído. La maratoniana visita del Papa a España no ha dejado indiferente a nadie. Una prueba de ello la hemos visto en el Parlamento. Nunca ningún Papa había hablado antes en el Congreso de los Diputados, y este hecho había suscitado recelos y comentarios. Tal vez por eso ha sorprendido tanto a propios y extraños la impresionante ovación, que habría durado más si León XIV no hubiera optado por retirarse.
En un congreso tan habituado últimamente a la confrontación y al insulto, ¿qué sucedió para que se produjera una respuesta tan inmediatamente unánime por parte de diputados y senadores? Seguramente sea ingenuo, pero quizá fue su invitación a “alzar la mirada” de las lógicas partidistas de siempre para recuperar el ideal que un día los llevó a desear dedicar su vida al noble arte de la política, que consiste inicialmente en ponerse al servicio del bien común.
«En este Salón de Sesiones, la luz natural entra por el lucernario que corona la sala. Esa luz que viene de lo alto puede recordar que también la política necesita reconocer una medida que la precede y la supera». Quizá esa ovación fuera un gracias por volver a recordar lo esencial. «Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse. Les invito a alzar, pues, la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca a personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír».
Las palabras del Papa nos han devuelto el amor por nuestra historia, por lo que somos. «¡Un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!». También nos ha regalado gestos. Como el de alzar siempre la mirada al que tenía delante, con el deseo de entrar en lo más hondo y tocar el corazón del otro, derribando todas las barreras, también las lingüísticas. Ha hablado en catalán y hasta en francés, porque lo que le interesaba era encontrarse de verdad con el que tenía delante. Y así nos ha mostrado lo que espera de nosotros: «Ahora os toca a vosotros», le decía al presidente de los obispos españoles al despedirse de él. «Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo no rechazan simplemente a Dios, muchas veces llevan en el corazón una sed profunda de sentido, de verdad, de pertenencia y de esperanza, incluso cuando no saben darle un nombre. La Iglesia está llamada a reconocer estos anhelos, a escucharlos con respeto y a ofrecer, como Pedro y Juan al paralítico junto a la puerta del templo, el tesoro que les ha sido confiado: Jesucristo, en cuyo nombre el hombre puede levantarse y caminar».
El Papa nos ha desafiado. Ha querido empezar su viaje entrando en un centro de acogida a personas sin hogar, ha visitado a los presos y ha mostrado una preferencia radical por los migrantes que llegan «despojados de casi todo, pero nunca de su dignidad ». Y no ha parado de lanzarnos preguntas con las que ahora nos toca medirnos. «Estamos llamados a preguntarnos qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad; qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir».
Gracias, Santidad, por no dejarnos vivir en la indiferencia, «porque hoy aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad».







