Litterae communionis

Octubre 2026. Año IX, Número VIII.

Revista Internacional de Comunión y Liberación en México

CONTENIDO

EDITORIAL

Un trampolín para zambullirse en la realidad

Como un trampolín. Esa es la fascinante imagen que el Papa usó en su discurso al Meeting de Rímini para referirse al «movimiento, los grupos y las comunidades»: una plataforma flexible, firmemente anclada a su base, que da impulso para lanzarse hacia fuera, para “zambullirse en la realidad entera” y no solo en el recinto cerrado de una piscina. Resulta apasionante mirar la realidad como invita a hacerlo León XIV, como un océano cuyo límite es el horizonte, el ideal hacia el que tender. «¡Salgan al encuentro de todos!», esa ha sido su provocación, que no queremos dejar caer en el vacío. No hacen falta audaces travesías para superar los obstáculos que nos separan de la otra orilla, basta un chapuzón para sumergirse en la realidad, en el “mar de Dios”.

El discurso del 22 de agosto supone una invitación a la misión, empezando por una expresión muy concreta, «responsabilidad histórica», repetida varias veces. «Ha llegado la hora de asumir la responsabilidad», de responder a la propuesta recibida, a un don que no hay que dejar guardado en un cajón sino ponerlo «al servicio de una humanidad que tiene hambre y sed de justicia». Hacen falta «pioneros valientes» que empiecen por su proprio cambio de rumbo, porque el cambio del mundo pasa por aquellos que lo desean. Ese es el sentido del «riesgo de educar» al que apelaba el Papa citando a Luigi Giussani. El «método educativo más eficaz para el bien» no se basa en la «huida de la realidad», sino que promueve el bien en el mundo. «En el mundo», sigue diciendo el libro Educar es un riesgo citado por el Papa en Rímini, «significa en relación con la realidad en su conjunto, una relación arriesgada, si se quiere llamarla así; pero sería mejor decir que es exigente». Nace así “una presencia nueva en el mundo”

Para tomar en serio esta responsabilidad hay una condición: la unidad. Hasta dos veces ha dicho León XIV (y ha querido repetirlo): «¡amen siempre a la Iglesia!». Es decir, «amen y preserven la unidad de la “comunidad” a través de la cual Cristo los ha alcanzado y los atrae hacia sí». El Papa ha precisado lo que significa ese cuidado de la unidad: aprender a escucharse mutuamente, respetar las diferencias y caminar juntos «siguiendo los pasos de su fundador, cultivando la unidad entre ustedes, con quienes están llamados a guiar el movimiento, con la Sede Apostólica que los ha reconocido y con el Sucesor de Pedro».

La tarea parece desproporcionada, y en efecto lo es. Pero no depende de nuestras fuerzas. Jesús, a través de la Iglesia, implica a los débiles para que resulte evidente que es él quien actúa. Es la hora de la responsabilidad «para quienes han recibido tanto de una tradición milenaria de fe que se convierte en cultura». No se nos pide estar a la altura, sino estar disponibles. Esa es la perspectiva trazada en la Jornada de apertura de curso de CL, un momento público común para las comunidades del movimiento en todo el mundo que esboza los pasos a dar en el curso que comienza, cuyos apuntes ocupan las páginas centrales de esta revista.

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Episodio 16

La Mirada